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Tránsito de Mercurio, 8 de noviembre de 2006
2006.11.08+19:10-21:15
Aún en noviembre, el calor del día en esta isla se siente casi como en verano, por lo cual tuve que improvisar una barrera protectora tanto para mí como para el telescopio. Afortunadamente, decidí quedarme en mi casa, que aunque sabía que perdería, con toda probabilidad, la última media hora de lo que observaríamos desde Puerto Rico, me aseguraba un techo donde cobijarme de vez en cuando, una fuente de agua fría constante y el beneficio de un cómodo sofá cuando así el cuerpo lo requiriera. Y fue lo mejor que hice, debo decir, pues irme a la costa por ganar algunos minutos extra hubiera sido sinónimo de sofocación, incomodidad e insolación. En ese sentido, este pasatiempo no es nada fácil, pero si uno puede suavizar el “golpe”, que así sea. Comencé a observar a eso de las 19:10 UT e hice la primera foto a las 19:12:02, sólo dos segundos antes de que comenzara, oficialmente, el tránsito. Durante los primeros minutos, saqué una foto cada 15 segundos, y luego cada 30 segundos. Después, bajé el tiempo al minuto, y posteriormente a intervalos más o menos regulares La última foto la tomé a eso de las 21:11 UT, pues luego de eso el Sol quedó detrás de las usuales nubes en el horizonte a esa hora del día. Los tiempos para el primer y segundo contacto, según los cómputos de la NASA, para este tránsito de Mercurio serían: 19:12:04 UT y 19:13:54 UT, respectivamente. Las fotos que tomé más cercanas a esos tiempos fueron entre las 19:12:02 y las 19:12:13 para el primer contacto y entre las 19:13:55 y las 19:14:07 para el segundo, según los tiempos registrados por la cámara digital (la cual no estaba necesariamente sincronizada con algún reloj atómico, ni nada por el estilo). Haga clic Como se podía anticipar, la silueta de Mercurio sobre el Sol se veía bien diminuta. Eso es así porque, no sólo el planeta es extremadamente pequeño, pero también está relativamente lejos de la Tierra. Si lo comparamos, por ejemplo, con la silueta de Venus que vimos durante el tránsito de dicho planeta en el verano de 2004, sólo se puede decir que la de Mercurio es algo decepcionante. Aún así, hay que recordar que el enorme tamaño del Sol abona mucho a que el pobre Mercurio luzca como una pulga al lado de una supernaranja. Por fortuna, también hubo una significativa mancha solar justo en el lado por donde iba a transitar Mercurio, obteniendo una espectacular comparación, en vivo y a todo color, entre el tamaño de un planeta y estos fenómenos del Sol, una oportunidad verdaderamente única. Si Mercurio resultó pequeñísimo —lo que no fue una sorpresa—, la presencia de la mancha le dio el toque “mágico” que le faltaba. Si me preguntan, desde mi punto de visto, esto fue más importante que el mismo tránsito de Mercurio. Haga clic A pesar de las pocas expectativas que tenía de este evento, debo confesar que lo disfruté muchísimo. |